Cuando la arquitectura moderna trasciende a su tiempo.

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En una época en la que se impone la producción de bienes con una vida útil limitada, la obsolescencia programada, parece que la arquitectura contemporánea está empeñada en crear edificios duraderos que trasciendan al momento en el que fueron construidos. Obras que dejen una huella imborrable sobre la concepción de las formas y de los espacios que tenemos ahora mismo.

Hay muchos ejemplos de lo que estamos hablando, pero sin duda, uno de los más destacados es el edificio del Museo Guggenheim de Bilbao. Uno de esos museos en los que vale la pena visitarlos aunque solo sea para apreciar la fachada del edificio que lo alberga.

Nos cuenta la página web del Museo Guggenheim que el edificio fue diseñado por el arquitecto canadiense-americano Frank Gehry y que cuenta con una superficie de 24.000 metros cuadrados, de los que 9.000 están destinados a la exposición de obras de arte.

Con líneas curvas y sin ángulos rectos, la fachada está revestida por 33.000 planchas de titanio, que se reflejan sobre el río Nervión a su paso y brillan como un espejo donde se mira el sol.

El Guggenheim está instalado en los terrenos donde hace no mucho se encontraban los talleres de Euskalduna, los astilleros vascos que se dedicaban a fabricar buques mercantes por encargo. En cierto modo, el edificio del museo, al menos a mí me lo parece, simula un barco, aunque deconstruido. Perfectamente podría ser una escultura cubista de un buque, si no llega a ser porque la estructura metálica prescinde por completo de las líneas rectas.

Ese espíritu de permanencia, de superar su tiempo, no solo se aprecia en monumentos públicos como el Museo Guggenheim de Bilbao. Lo podemos encontrar en edificios de oficinas, en hoteles y en casas residenciales que se construyen en la actualidad.

Estos son algunos de los estilos arquitectónicos que imperan hoy en día y que expresan cómo queremos que nos vean en el futuro.

La arquitectura personalizada.

Uno de los rasgos de nuestro tiempo es la personalización. Como es lógico, la arquitectura no se iba a quedar fuera de su influjo. Aunque por definición nos podría parecer un estilo demasiado pragmático, es capaz de conjugar las últimas tendencias arquitectónicas y de decoración con las necesidades y gustos de sus propietarios, moradores y usuarios.

En el campo de la empresa, es un estilo arquitectónico que está teniendo una gran aceptación. Muchas compañías y empresarios encargan edificios de oficinas con esta orientación. Es el caso de Marc Monllau, un empresario catalán que encargó la reforma de su oficina a Bonba Studio, un estudio de arquitectura e interiorismo con sede en Barcelona y Palma de Mallorca, inaugurado por Kika Estarellas y Alex Llusià, dos arquitectos con más de 15 años de experiencia, defensores de la arquitectura personalizada. Marc Monllau encargó el proyecto con la intención de crear un espacio cómodo que reflejara la filosofía de su empresa. Hizo el encargo en el 2016 y quedó tan contento que contrató una segunda reforma, para otro edificio de la empresa, en el 2021.

Los edificios empresariales contemporáneos requieren una arquitectura capaz de combinar identidad corporativa, funcionalidad y una imagen actual. Cada proyecto puede plantearse desde cero para responder a la actividad que se desarrolla en su interior, aprovechando las características del entorno, la orientación, la iluminación natural y las necesidades concretas de sus usuarios. El resultado son espacios profesionales modernos, eficientes y preparados para evolucionar con la empresa.

Esta misma filosofía se traslada a los proyectos residenciales. La arquitectura personalizada permite diseñar viviendas que no responden a un modelo predeterminado de casa o de vivienda, sino a la forma de vivir de sus propietarios. La distribución, los materiales, los espacios abiertos, la relación con el exterior y los acabados se definen buscando un equilibrio entre personalidad y estética contemporánea. Así, cada vivienda adquiere una identidad propia sin renunciar al confort, la eficiencia energética y una integración coherente con el entorno.

La arquitectura brutalista.

El brutalismo fue una corriente arquitectónica que surgió después de la II Guerra Mundial. Una de sus características principales fue el uso del hormigón como uno de los materiales de construcción centrales, dejándose ver en la fachada junto a otros elementos estructurales, manifestándose a través de formas geométricas y volúmenes contundentes.

La revista de arquitectura AD Magazine señala que este estilo se ha vuelto a poner de actualidad, pero desde un enfoque contemporáneo.

El brutalismo arquitectónico del siglo XXI conserva algunos principios del movimiento surgido durante el siglo XX, pero los interpreta desde una perspectiva diferente. Ya no se trata de reproducir grandes volúmenes de hormigón visto, estructuras pesadas y una estética deliberadamente austera, sino de utilizar estos recursos de manera más precisa y adaptada al contexto. El clima, la orientación y el entorno del edificio adquieren ahora un protagonismo mayor.

En México, algunos arquitectos han desarrollado propuestas que mantienen vínculos con esta corriente. Sordo Madaleno fue uno de los referentes tempranos del brutalismo mexicano. Proyectos como Palmas 555 mostraron las posibilidades del hormigón visto aplicado a volúmenes escalonados. En la arquitectura contemporánea, esta relación con la geometría, los espacios vacíos y las estructuras claramente identificables continúa evolucionando.

La obra de Legorreta, otro arquitecto mexicano, también presenta elementos próximos al lenguaje brutalista, aunque con una personalidad propia. Sus muros de gran presencia, los volúmenes rotundos y el control de la entrada de luz generan espacios donde la estructura del edificio adquiere un papel fundamental. El hormigón deja de ser únicamente un material constructivo para convertirse en protagonista visual.

Por su parte, el arquitecto Luis Aldrete, también mexicano, utiliza el hormigón de forma estructural y espacial en diferentes proyectos residenciales. Plataformas, muros y aberturas cuidadosamente planteadas permiten crear edificios en los que la proporción, la iluminación y las condiciones climáticas determinan la composición.

El brutalismo del siglo XXI, especialmente en Latinoamérica, se aleja de la imagen rígida asociada al movimiento original. Su interés actual reside en recuperar la originalidad constructiva y la expresividad del hormigón, pero combinándolas con la eficiencia, el confort y una mejor adaptación al entorno. La estructura visible continúa siendo importante, aunque ahora se pone al servicio de una arquitectura más habitable e integrada en el entorno.

La arquitectura paramétrica.

En la arquitectura paramétrica se utilizan programas de diseño 3D por ordenador y algoritmos matemáticos para diseñar formas complejas que sería difícil planificar con métodos tradicionales. Las fachadas de estos edificios están plagadas de curvas y formas fluidas que recrean una estética futurista.

La Revista Construye opina que la arquitectura paramétrica, más que un estilo arquitectónico, es un método que pone al servicio del diseño, la tecnología más puntera, imprimiendo una serie de rasgos estilísticos que, como no podría ser de otra manera, se manifiestan en la estética de los edificios.

En la arquitectura paramétrica, en lugar de dibujar cada elemento de forma independiente, el arquitecto establece relaciones entre diferentes variables, de manera que un cambio en una de ellas puede modificar automáticamente el conjunto del proyecto. Esto permite trabajar con formas complejas y encontrar soluciones innovadoras.

Aunque sus antecedentes se remontan a las últimas décadas del siglo XX, su desarrollo se ha acelerado en las últimas décadas con las herramientas digitales. Actualmente, el diseño paramétrico permite explorar estructuras, fachadas, cubiertas y espacios con geometrías variadas, además de analizar aspectos como la iluminación, el comportamiento energético o la resistencia de los materiales.

Entre los programas informáticos más utilizados para realizar esta arquitectura destaca Rhinoceros, conocido habitualmente como Rhino, que permite crear modelos tridimensionales con gran precisión. A este software se añade Grasshopper, un complemento específicamente orientado al diseño generativo. Su funcionamiento permite construir algoritmos visuales mediante componentes conectados entre sí, sin que sea imprescindible dominar lenguajes de programación. La combinación de Rhinoceros y Grasshopper se ha convertido en una de las herramientas habituales para desarrollar este tipo de arquitectura.

Una de sus principales aportaciones es la posibilidad de probar numerosas alternativas de diseño de manera rápida. El mismo modelo puede utilizarse para estudiar estructuras, calcular superficies, optimizar materiales, realizar simulaciones o preparar procesos de fabricación digital. De este modo, la arquitectura paramétrica no solo sirve para crear edificios visualmente llamativos, sino también para mejorar su eficiencia, adaptar sus componentes y facilitar la transición desde el diseño digital hasta su construcción.

Arquitectura biofílica.

Esta tendencia en la arquitectura, que se encuentra en auge en la construcción urbana, busca integrar elementos de la naturaleza en el diseño de los edificios. Son esos edificios de oficinas que tienen azoteas ajardinadas, con plantas trepadoras, cuyas ramas caen por la fachada como si fueran una cascada. Esos bloques de vivienda coronados por una sobrecubierta vegetal. La recuperación de los patios con fuentes y los jardines interiores en la arquitectura contemporánea.

La revista Área, de Publicaciones Científicas, señala que esta tendencia expresa la conexión innata del hombre con la naturaleza y la lleva al terreno de la arquitectura.

El objetivo de este estilo arquitectónico no consiste simplemente en colocar plantas como elemento decorativo, sino en establecer una relación más estrecha entre las personas, los edificios y el entorno natural. Esta tendencia ha adquirido especial importancia en la arquitectura contemporánea por su capacidad para mejorar la calidad de los espacios y contribuir a modelos de construcción más sostenibles.

Una de las formas más habituales de aplicarla son las terrazas y cubiertas ajardinadas, que permiten introducir vegetación en edificios urbanos y pueden contribuir a regular la temperatura y gestionar el agua de lluvia. También encontramos fachadas vegetales, tanto mediante plantas trepadoras como a través de sistemas específicamente diseñados para cubrir muros con vegetación. Además, la naturaleza puede incorporarse al interior de los edificios mediante jardines, patios, árboles, plantas y otros elementos naturales.

Otra posibilidad consiste en diseñar estructuras que integren vegetación viva como parte del proyecto arquitectónico. Pérgolas, pasarelas o espacios de transición pueden funcionar como soporte para árboles y plantas, creando zonas de sombra y conectando diferentes áreas. A esto se suma la planificación del entorno inmediato, conservando la vegetación existente o diseñando jardines que mantengan una relación directa con el edificio.

Los beneficios de estas soluciones van más allá de la estética. La presencia de vegetación favorece el bienestar de los usuarios, mejora la percepción de los espacios y contribuye a crear ciudades más agradables.

La arquitectura biofílica requiere planificación y mantenimiento. Introducir plantas sin estudiar sus necesidades, el clima o las características del edificio puede

Generar problemas técnicos y económicos. Además, existe el riesgo de presentar un proyecto como sostenible únicamente por incorporar algunos elementos vegetales. Para que esta arquitectura tenga sentido, la naturaleza debe formar parte del proyecto desde su concepción y conservarse mediante un trabajo de mantenimiento continuo.

La arquitectura sostenible.

Si pensamos en una arquitectura ligada a la naturaleza, en sentido pleno, y preocupada por el cuidado del planeta, esta es la arquitectura sostenible, que va más allá de la arquitectura biofílica, que utiliza las plantas y elementos naturales como parte de un edificio. En la arquitectura sostenible, todo el diseño, la planificación y construcción de los edificios están planteados desde la protección del medioambiente.

La revista Nan Arquitectura indica que el origen de esta corriente arquitectónica hay que buscarlo en las décadas finales del siglo XX; pero es en este siglo, el siglo XXI, cuando podemos decir que se ha desarrollado en los hechos.

La arquitectura sostenible busca reducir el impacto ambiental de los edificios durante todo su ciclo de vida, desde la elección de los materiales hasta su construcción, uso y posterior renovación o demolición. Para ello, apuesta por recursos reciclables, renovables y de proximidad, reduciendo tanto los residuos como las emisiones de gases nocivos para la atmósfera y favoreciendo la economía circular.

La eficiencia energética es otro de sus pilares. Un edificio sostenible debe consumir la menor cantidad posible de energía sin perder confort. Para conseguirlo se utilizan sistemas de aislamiento, una orientación adecuada que aproveche la luz natural y soluciones basadas en energías renovables, como los paneles solares.

Esta arquitectura busca que las construcciones mantengan una relación equilibrada con su entorno. La integración paisajística, la conservación de los espacios naturales y el uso responsable de los recursos forman parte de una concepción que pretende reducir la huella ambiental de los edificios y mejorar al mismo tiempo la calidad de vida de sus ocupantes.

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