Mi nombre es Marta y hoy me quiero abrir en canal. Lo hago porque me va a servir mucho, pero también porque quiero ayudar a los que me pasaron por mí. Os cuento que cuando pienso en mi embarazo, no puedo decir que fuera una etapa fácil. Pienso que aunque nos quieren vender que el embarazo es algo maravilloso, no es así. Sobre todo son las instagramers los que nos venden las bondades del embarazo.
Quizás por este motivo, siempre había imaginado que estos esos meses iban a ser un tiempo de ilusión y felicidad, pero la realidad fue bastante distinta. Seguro que hay mucha gente que me puede decir lo mismo. Me quedé embarazada en plena época del COVID, esa maldita época, cuando el mundo parecía haberse detenido y el miedo se respiraba en el ambiente.
Desde el principio, mi embarazo estuvo marcado por el estrés, como es natural. Me sentía cansada, preocupada y, en muchos momentos, triste. Tenía miedo por la salud de mi bebé, por la mía y por todo lo que estaba pasando a mi alrededor, porque escuchar las noticias era terrible. Las noticias eran constantes y alarmantes, y aunque intentaba mantener la calma, mi cuerpo y mi mente no siempre me acompañaban. Dormía mal, mi respiración era agitada y mi corazón parecía ir más rápido de lo normal.
Fue en uno de esos momentos de búsqueda de ayuda cuando descubrí la musicoterapia prenatal durante el embarazo. Al principio no sabía muy bien de qué se trataba. Pensaba que simplemente era escuchar música relajante, pero pronto comprendí que iba mucho más allá. Decidí probar porque sentía que necesitaba algo diferente, algo que me ayudara a conectar conmigo misma y con mi hijo por nacer.
Desde la primera sesión que tuve en Somarmonía, algo empezó a cambiar. La musicoterapia prenatal me ofreció un espacio seguro, tranquilo y respetuoso donde podía detenerme, respirar y sentir.
Aprendí que los seres humanos tenemos una relación muy intensa con el sonido y la música incluso desde antes de nacer. Me explicaron que, desde muy pronto, el feto recibe las vibraciones del sonido y que, a partir del quinto mes, ya puede percibir estímulos auditivos. Saber esto me emocionó profundamente, y claro, esto es algo que me iba gustando. Me di cuenta de que mi bebé ya estaba escuchando el mundo, y que yo podía acompañarlo en ese descubrimiento de una forma amorosa.
Durante las sesiones, que fueron cada ves a mejor, comprendí que mi bebé y yo ya estábamos conectados a través de muchos sonidos, Por ejemplo, el de los latidos de mi corazón, que es algo precioso, de mi respiración, el flujo de mi sangre y, por supuesto, mi voz, que creo que él ya lo escuchaba. Nunca olvidaré la primera vez que canté conscientemente para mi hijo.
Primeros síntomas
Al principio me sentía un poco ridícula y no me atrevía ni a contarlo, pero enseguida noté una emoción profunda. Era como si, a través de mi voz, le estuviera diciendo: “Estoy aquí, te espero, te quiero”. Que suena algo noño, pero es la verdad.
No es casualidad que las mamás, de forma instintiva, hablen y canten a sus bebés cuando aún están en el vientre. Yo empecé a hacerlo cada día. Le hablaba por las mañanas, le cantaba canciones suaves por las noches y escuchábamos juntos melodías que me transmitían paz.
Lo que tengo claro es que el embarazo es una etapa llena de cambios físicos y emocionales. En mi caso, esos cambios se vivieron de forma más intensa por el contexto de la pandemia. Gracias a la musicoterapia prenatal, aprendí a gestionar mejor mis emociones, a reconocerlas sin culpa y a cuidarme. Entendí que mi bienestar era fundamental, no solo para mí, sino también para mi bebé.
Además, mi pareja también pudo participar en algunas sesiones y eso es algo que se agradece porque con el covid el pobre apenas tenía participación. Esto fue muy importante para nosotros, porque le permitió sentirse parte activa del embarazo, algo especialmente valioso en una época en la que muchas veces no podía acompañarme a las consultas médicas.
Hoy, mirando atrás, sé que mi embarazo no fue perfecto, pero sí fue transformador. La musicoterapia prenatal me enseñó que, incluso en momentos difíciles, es posible crear belleza, vínculo y bienestar. Me ayudó a confiar, a escucharme y a escuchar a mi bebé. Y, sobre todo, me recordó que la música puede ser un puente poderoso entre una madre y su hijo, incluso antes de que este llegue al mundo.

