Gestionar todo lo que compete a un Ayuntamiento no es nada fácil. Y a veces es injusto que se valore de una manera tan pobre todo lo que rodea a esta función, porque os puedo garantizar que es mucho más costoso a nivel mental y físico de lo que se podría llegar a suponer. Es verdad que hay alcaldes y concejales que se han tomado casi en broma una labor como esta, pero no todos estamos en el mismo saco. He sido alcalde de mi municipio durante dos legislaturas y sé de lo que hablo. Y lo que os vengo a contar es algo que va a demostrar que, hasta el último día, estuve pensando junto con el resto de mi equipo en el bienestar de los vecinos del pueblo.
Cuando llegamos al equipo de gobierno, había muchas cosas de las que los vecinos se quejaban y creo que con razón. Y había algunas cosas que eran especialmente graves y a las que les teníamos que prestar una atención más que relevante. Una de ellas era la que tenía que ver con la limpieza de las calles del pueblo, que se encontraban bastante sucias y que necesitaban un incremento de la atención prestada en este sentido. La gente solía decir que el Ayuntamiento solo se preocupaba por mantener más o menos limpio el centro del municipio (cosa que podríamos debatir en otro artículo, la verdad) y que el resto estaba “dejado de la mano de Dios”. Y, claro, no podíamos permitir que esto fuera así.
La situación era bastante complicada porque ya sabéis que, cuando falta limpieza en las calles, hay un montón de riesgos que se pueden asumir y que van a perjudicar a los vecinos. Uno de ellos tiene que ver con las plagas de ratas, las cuales existían en diversos puntos del pueblo. Otro, más extendido, giraba en torno a los olores que emanaban de las alcantarillas y de las zonas de recogida de residuos. Y también teníamos problemas con la caída de las hojas de los árboles en otoño. No se contaba con el personal y la tecnología suficiente como para recogerlas todas. Y claro, si llovía, los riesgos de resbalarse eran bastante grandes.
Una de las cosas que llevábamos en nuestro programa electoral de cara a las elecciones tenía que ver con mejorar la limpieza de la vía pública. De hecho, creo que una de las cosas gracias a las que ganamos tenía que ver con eso y con el hartazgo que existía entre la gente del pueblo. Por tanto, esta fue una de las primeras áreas que pusimos en funcionamiento una vez que ganamos las elecciones y comenzamos a tomar posesión de los cargos. Sabíamos que no podíamos fallar, pero no teníamos demasiada presión porque sabíamos cómo conseguir mejores resultados que el equipo de gobierno anterior en materia de limpieza y en otras muchas más.
Lo que nos encontramos cuando llegamos al gobierno fue más bien desalentador. En primer lugar, porque los contratos de los trabajadores que se encargaban de estas funciones se terminaban de una manera inmediata y nadie había tenido la voluntad de mover sus renovaciones o la de incorporar a nuevas personas para esta labor. Eso, ya de por sí, es un auténtico desastre. Pero si le añadimos el hecho de que buena parte de la maquinaria y los productos que se usan para llevar a cabo este tipo de cuestiones estaban desfasados y necesitaban un lavado de cara, la situación era todavía peor de lo que nos habíamos imaginado en un principio. Y, claro, eso aumentó nuestra preocupación.
Lo primero que hicimos para potenciar la limpieza de nuestro municipio fue encargarnos de solucionar esos problemas. Tiramos de la bolsa de empleo municipal para garantizar que hubiera plantilla suficiente como para realizar este tipo de actividades durante los próximos meses. Y también renovamos toda la maquinaria y los vehículos. Sobre todo, necesitábamos barredoras y sopladoras. Y sabíamos que podíamos obtenerlas porque conocíamos previamente a los amigos de Meprolim, que cuentan con más de medio siglo de experiencia en esta materia y que sabíamos que nos iban a proporcionar productos y maquinaria en las mejores condiciones y con la máxima presteza, que era algo que necesitábamos para empezar a cumplir con lo que habíamos prometido en el programa electoral: limpiar las calles con premura.
Nuestros presagios se cumplieron y pudimos obtener todo lo que necesitábamos en un tiempo récord, en tan solo unos días. Esto implicó que pudiéramos realizar el trabajo a la mayor brevedad posible y que las calles empezaran a estar limpias desde apenas unas horas después de que entráramos a trabajar en el Ayuntamiento. La seguridad que eso le proporciona a la gente es muy grande y no cabe la menor duda de que es algo que proporciona confianza. De hecho, el hecho de que fuera eso lo primero que hicimos nada más llegar al gobierno municipal es algo que generó una magnífica primera imagen de nosotros, algo que fuimos manteniendo conforme pasan los meses.
Esto, además de cumplir con otros de los proyectos que vemos marcado en el programa electoral como la generación de empleo en las empresas del pueblo, potenciar el tejido asociativo del mismo, proveer de más ayudas a las pequeñas y medianas empresas del municipio, mejorar espacios públicos y potenciar la plantación de zonas verdes es lo que nos terminó permitiendo volver a ganar las elecciones 4 años más tarde con unos resultados que eran todavía mejores que los que habíamos obtenido durante nuestra primera victoria. Eso quiere decir que habíamos hecho las cosas bastante bien y que la gente estaba satisfecha con nuestro trabajo. Y eso era lo más importante para todos y cada uno de nosotros.
Muchos ayuntamientos han continuado optando por mejorar sus servicios de limpieza
No hemos sido solo nosotros los que hemos apostado por una cuestión como la limpieza. Debemos recordar que la limpieza es una de las competencias que tenemos los ayuntamientos y que todos y cada uno de ellos están obligados a conservarla, pudiendo recibir múltiples denuncias y quejas a causa de un servicio deficiente en relación a este tema. Por ende, lo mejor que hemos podido hacer en cualquier caso desde los consistorios es apostar por todo lo que tenía que ver con la mejora de maquinarias, la ampliación del personal y la apuesta por llevar la limpieza hasta el último rincón de nuestros pueblos o ciudades.
En una noticia publicada en la página web oficial de la ciudad de Madrid se indica que el Ayuntamiento de la capital madrileña destina un total de 20 millones de euros a poner en marcha la ciudad cada día. El transporte público es la partida más grande con más de 2 millones de euros al día, mientras que la seguridad ocupa una más que digna segunda posición con un montante de 1’4 millones de euros por jornada. La limpieza, nuestra protagonista en este artículo, se alza con la tercera plaza merced a una inversión que se acerca al millón de euros por día. La verdad es que no está nada mal y que seguramente haya quien piense que se necesita más.
Hablar de limpieza no es solamente referirnos a las calles y plazas de las que se compone el mapa de nuestro municipio. También hay que tener en cuenta lo que respecta a los edificios públicos… entre los cuales se encuentran los hospitales y los colegios. En lo que tiene que ver con esto último, queremos hacer incidencia en una noticia publicada en la página web del Ayuntamiento de Leganés en la que se indica que dicho consistorio había incrementado en más de un millón de euros la partida destinada a la limpieza de los centros educativos de la localidad. Desde luego, esto dice mucho de la relevancia que se le da a un servicio como este y más en un edificio como lo es un colegio o un instituto.
La limpieza es uno de esos asuntos que, o se cuidan desde un ayuntamiento, o va a ser un foco constante de críticas para todos y cada uno de los consistorios en los que no se cuide de ello. Además, estamos hablando de una de las actividades que contribuye de una manera más significativa a que un municipio tenga una buena imagen ya no solo de cara a sus vecinos, sino también de cara a las personas que lo puedan llegar a visitar para hacer turismo o para cualquier otra cosa.
No podemos descuidarla. Tenemos que tenerla siempre presente porque es lo que va a hacer posible que nuestro día a día en la ciudad o el pueblo sea normal, que no presente severas deficiencias y que la gente se encuentre feliz. Lógicamente, de manera paralela habrá que trabajar en otros asuntos. Al final, gestionar un municipio es gestionar todos los servicios que tienen que ver con él y que son una verdadera barbaridad. No es fácil, pero es un placer poderlo hacer. Al menos, esa ha sido mi experiencia.

