Para las personas que tienen los dientes sensibles, el verano es un suplicio. El cuerpo les pide tomar bebidas frías para mitigar el calor, pero el dolor intenso que sufren cada vez que dan un sorbo o se toman una cucharada de helado les impide hacerlo. Afrontamos este problema dental, que se encuentra bastante extendido.
Javi tiene hipersensibilidad dental. Piensa que proviene de un golpe accidental que se dio en la dentadura y que por lo visto le ha producido una pequeña fisura en uno de los incisivos superiores. La lesión es imperceptible a la vista, pero el dolor intenso y agudo que experimenta cada vez que bebe una bebida fría es insufrible.
El verano para él es fastidioso. Su dentadura solo soporta los líquidos a temperatura ambiente. Por lo que tiene que hidratarse bebiendo agua que está prácticamente tibia. Las bebidas calientes le dan sensibilidad dental, pero es que es beber un sorbo de una bebida fría y es como si le dieran punzadas en los dientes. A él le gustaría tomarse un helado, un vaso de granizado, una cerveza bien fría, cuando se sienta con los amigos en una terraza. Pero tiene que conformarse con pedir un refresco sin hielo y esperar un tiempo a que suba la temperatura de la bebida.
Ha probado a beber con pajita, pero el dolor en los dientes no termina de desaparecer. Se ha comprado una pasta dentífrica contra la sensibilidad dental, pero no elimina por completo el dolor. Ha leído en foros de internet que la hipersensibilidad dental desaparece con el tiempo, pero lleva años padeciendo este problema. Ha intentado resolverlo por su cuenta, pero finalmente tendrá que acudir a un dentista.
El problema de Javi lo sufren millones de personas en todo el mundo, y el verano, precisamente, es la estación más crítica.
La hipersensibilidad dental.
Se estima que entre un 15 % y un 30 % de la población padece hipersensibilidad dental, un problema que aparece con mayor frecuencia en mujeres y en personas de entre 20 y 40 años. Aunque muchas veces se considera una simple molestia pasajera, lo cierto es que puede afectar de forma importante a la calidad de vida, ya que actividades tan cotidianas como beber un vaso de agua fría, tomar un café caliente o comer un helado desencadenan un dolor intenso y repentino.
La explicación se encuentra en la dentina, el tejido situado justo debajo del esmalte. Cuando el esmalte se desgasta o las encías se retraen, esta capa queda parcialmente expuesta. La dentina está recorrida por miles de diminutos conductos microscópicos que comunican la superficie del diente con las terminaciones nerviosas de su interior. Como consecuencia, cualquier cambio brusco de temperatura estimula directamente esos nervios y provoca una respuesta dolorosa casi inmediata.
El profesor Christian R. Gernhardt, de la Universidad Martin Luther de Halle (Alemania), explica en un artículo publicado por Elsevier que la hipersensibilidad dental constituye una alteración clínica con entidad propia, aunque en ocasiones pueda estar asociada a otros problemas bucodentales.
Entre los factores que favorecen su aparición destaca el desgaste progresivo del esmalte, la retracción de las encías y algunos tratamientos odontológicos, como determinados blanqueamientos dentales o procedimientos periodontales, que pueden dejar la dentina desprotegida de forma temporal.
La alimentación también desempeña un papel importante. El consumo frecuente de bebidas carbonatadas, frutas ácidas, vino, cerveza, café, té o alimentos conservados en vinagre acelera la erosión del esmalte, aumentando el riesgo de sensibilidad. Mantener una correcta higiene bucodental, utilizar productos adecuados y acudir al dentista ante los primeros síntomas resulta fundamental para prevenir que este problema avance y llegue a convertirse en una molestia permanente.
Las causas.
Acabamos de apuntar a algunas de ellas, como el desgaste del esmalte dental y la retracción de las encías, pero como señala el laboratorio de productos para higiene dental Dentaid, las causas de la hipersensibilidad dental son múltiples y variadas, y con frecuencia, los casos clínicos obedecen a una combinación de factores.
Lo habitual es que la hipersensibilidad dental aparezca cuando el esmalte pierde parte de su capacidad protectora o cuando la dentina queda expuesta a estímulos externos, como el frío, el calor o el contacto directo con ciertos alimentos.
Algunos tratamientos odontológicos pueden provocar sensibilidad de forma temporal. Es frecuente que, tras un blanqueamiento dental, una limpieza profunda o determinados procedimientos para tratar enfermedades de las encías, los dientes reaccionen con mayor sensibilidad durante unos días. Generalmente, estas molestias desaparecen a medida que los tejidos se recuperan.
La alimentación también influye de manera importante. El consumo habitual de frutas demasiado ácidas, como el limón, la naranja o el pomelo, así como de refrescos con gas, vino o cerveza, favorece la erosión progresiva del esmalte. Este desgaste suele ser lento, pero aumenta el riesgo de que aparezca sensibilidad con el paso del tiempo.
El café y el té también pueden contribuir a este proceso. Aunque muchas personas los consumen a diario sin problemas, su acidez puede favorecer el debilitamiento del esmalte cuando la ingesta es frecuente y no se acompaña de una correcta higiene dental.
Otra causa habitual es el bruxismo. Apretar o rechinar los dientes, especialmente durante el sueño, somete al esmalte a una presión constante que acaba desgastándolo. En los casos más severos pueden aparecer pequeñas fracturas que dejan la dentina más expuesta.
Las caries y las fisuras dentales también facilitan que el frío, el calor o los alimentos dulces lleguen directamente a las terminaciones nerviosas del diente, provocando un dolor intenso y localizado.
Asimismo, conviene utilizar con moderación los enjuagues bucales con un alto contenido en alcohol o formulaciones ácidas. Un uso excesivo puede irritar las encías y alterar el equilibrio natural de la boca.
Por otro lado, no podemos olvidar que existe un componente genético. Algunas personas nacen con un esmalte más fino o menos resistente de lo normal, por lo que desarrollan hipersensibilidad con mayor facilidad, incluso manteniendo unos correctos hábitos de higiene y alimentación.
Los helados y granizados.
Los odontólogos de Clínica Dental La Chicuela, una clínica dental familiar de Cáceres, que llevan más de 30 años atendiendo la salud dental de los cacereños, recomiendan en el blog de su página web moderar el consumo de helados y refrescos en verano, en especial si padecemos hipersensibilidad dental.
Además del contraste de temperatura que producen estos productos, su composición influye en el agravamiento de la hipersensibilidad dental y favorece que la desarrollen algunos sujetos que aún no la tienen. Un detalle a considerar, junto a que es causa del desarrollo de otras enfermedades dentales como la caries.
Los helados industriales suelen poseer una alta cantidad de azúcar. Esta azúcar se mezcla con las bacterias que conforman la placa bacteriana y crean una película pegajosa que se adhiere a los dientes. Cuando el esmalte dental presenta un desgaste considerable o tiene alguna fisura, el azúcar tiende a agravarlo. El azúcar alimenta a las bacterias perniciosas que tenemos en la boca. Las hace más virulentas y favorece su reproducción.
Un caso aparte lo representan los refrescos. Aunque tenga un bajo contenido en azúcar, muchos de ellos contienen ácidos que van a erosionar el esmalte.
En las bebidas carbonatadas con hielo y en los granizados confluyen tres factores perniciosos. El frío, el ácido y el azúcar. Por lo que las hace especialmente desaconsejables para personas con hipersensibilidad dental.
Lo mismo sucede con el café con hielo, otro de los clásicos del verano. El café es una bebida bastante ácida, que ya de por sí desgasta el esmalte dental, y a la que añadimos azúcar para poder tomarlo, y le agregamos hielo para que sea más refrescante. Un cóctel bomba para los dientes sensibles.
Por suerte, tenemos alternativas saludables para refrescarnos en verano y no dañar nuestros dientes. Una de ellas, tal vez la más recomendable, es el consumo de frutas de temporada, como la sandía, el melón, el melocotón, la nectarina, etc. Son frutas con un alto contenido en agua, que nos hidrata y refresca sin necesidad de tomarlas excesivamente frías. Es cierto que contienen azúcar, pero la tienen en forma de fructosa. Para asimilarla, debemos masticar la fruta. Acción por la cual generamos saliva, que al mismo tiempo, protege nuestra dentadura.
La prevención.
La hipersensibilidad dental la podemos prevenir y, en sus primeros estadios, incluso revertir. Pero, claro, para ello, necesitamos seguir algunas acciones.
Mantener una buena higiene dental es la medida más eficaz para prevenir la hipersensibilidad dental y conservar el esmalte de los dientes en buen estado. El cuidado diario de la boca ayuda a evitar que la dentina quede expuesta, reduciendo así las molestias que aparecen al tomar alimentos fríos, calientes, dulces o ácidos.
El cepillado debe realizarse, preferiblemente, después de cada comida utilizando un cepillo de cerdas suaves o de dureza media. Un cepillado demasiado enérgico o el uso de cepillos duros pueden desgastar el esmalte y favorecer la retracción de las encías, dos factores que aumentan la sensibilidad dental. También es importante elegir una pasta dentífrica adecuada. Las formuladas para dientes sensibles contienen ingredientes que ayudan a disminuir la transmisión de los estímulos hacia el nervio y favorecen la protección de la superficie dental.
La limpieza no termina con el cepillado. El hilo dental permite eliminar la placa y los restos de alimentos entre los dientes, donde el cepillado no alcanza. Complementar la higiene con un colutorio adecuado, preferiblemente sin alcohol, contribuye a fortalecer el esmalte y mantener unas encías sanas.
La alimentación también desempeña un papel importante. El consumo frecuente de refrescos, bebidas energéticas, zumos cítricos, vino, café, té o alimentos ácidos favorece la erosión del esmalte. No es necesario eliminarlos por completo, pero sí moderar su consumo. Después de ingerir este tipo de productos, resulta recomendable enjuagarse la boca con agua para reducir la acción de los ácidos y esperar unos 30 minutos antes de cepillarse los dientes, ya que el esmalte se encuentra temporalmente más vulnerable.
Por último, acudir al dentista de forma periódica permite detectar de manera precoz problemas como la caries, fisuras en los dientes, enfermedades periodontales o signos de bruxismo. La visita rutinaria a nuestro dentista cada 6 meses o una vez al año es una de nuestras principales armas para prevenir la hipersensibilidad dental. Un diagnóstico a tiempo facilita aplicar el tratamiento más adecuado y evita que la sensibilidad dental se agrave con el paso del tiempo.
El tratamiento.
El tratamiento de la hipersensibilidad dental comienza con un diagnóstico preciso. Antes de aplicar cualquier solución, el dentista debe determinar las causas que están provocando las molestias, ya que el origen puede ser diferente en cada paciente. El desgaste del esmalte, la retracción de las encías, una caries o incluso el bruxismo requieren enfoques distintos.
Cuando la sensibilidad dental es leve, normalmente basta con modificar algunos hábitos de higiene dental. El especialista suele recomendar pastas dentífricas específicas para dientes sensibles, colutorios con flúor y una técnica de cepillado suave que evite seguir dañando el esmalte. También pueden utilizarse productos remineralizantes, como determinados geles o chicles, que ayudan a fortalecer la superficie dental y reducir las molestias con el paso de las semanas.
En algunos casos, la sensibilidad aparece de forma temporal tras determinados tratamientos odontológicos. Por ejemplo, es relativamente frecuente notar molestias después de una limpieza dental profesional, ya que durante unos días pueden quedar expuestas zonas más sensibles del diente. La página web de Colgate explica este fenómeno en un artículo publicado en su blog y ofrece recomendaciones para aliviar estas molestias mientras los tejidos se recuperan.
Si las medidas no son suficientes, el dentista puede aplicar tratamientos sobre el diente afectado. Los más habituales son los barnices de flúor, las resinas de composite y los cementos de ionómero de vidrio, materiales que sellan los túbulos de la dentina y disminuyen la transmisión de los estímulos hacia el nervio.
Cuando la causa es más compleja, como una enfermedad periodontal avanzada, un desgaste importante del esmalte o una lesión por caries, será necesario recurrir a tratamientos más específicos. Estos pueden incluir restauraciones con empastes, reconstrucciones dentales, endodoncias, etc. Con un tratamiento personalizado y un seguimiento adecuado, la mayoría de los pacientes consigue controlar la sensibilidad dental y recuperar una vida diaria sin molestias.

