Uno de los problemas de salud que muchas personas padecen sin ser conscientes de ello es el bruxismo. El hecho de rechinar o apretar los dientes es algo que nos puede parecer solamente una manía, pero cuando pasa a ser una costumbre continuada, puede acabar teniendo una serie de consecuencias claras sobre la boca, la mandíbula y hasta el bienestar.
¿En qué consiste el bruxismo?
Para saber más sobre ello, quisimos preguntar a los reputados expertos de la Clínica Dental Herrán de Pozuelo de Alarcón. Ellos nos comentaron que el bruxismo es una actividad muscular repetitiva de la mandíbula, en la que la persona lo que hace es apretar o rechinar los dientes involuntariamente.
Esto es algo que puede suceder mientras nos encontramos despiertos o dormimos, cuando no somos conscientes de todo ello.
Dicha fuerza extra sobre los dientes y las articulaciones no tiene ninguna función de utilidad. No es para masticar ni hablar: estamos ante un gesto que no tiene objetivo, puesto que con el tiempo lo que ocurre es que se desgasta el esmalte, sobrecargando los músculos, y puede llegar a alterar la articulación temporomandibular.
Hablamos de varios tipos de bruxismo:
Céntrico
Es cuando se aprietan las dos arcadas en un solo punto, en el que los movimientos son mínimos.
Excéntrico
Ocurre cuando se rechinan los dientes y se desliza la mandíbula hacia delante y atrás o en sentido oblicuo.
En los niños pequeños es posible que aparezca un bruxismo juvenil que a veces es considerado parte del desarrollo de los dientes y que se reduce con la edad.
¿Por qué aparece? Factores que tienen influencia
No existe una sola causa. Lo que sucede es que el bruxismo está considerado como un trastorno que se produce por muchos factores, en el que están combinados los factores centrales con los periféricos.
Entre los elementos que más se relacionan con su aparición podemos destacar:
- Estrés, ansiedad y tensión emocional prolongada.
- Problemas de sueño, en el que hay despertares frecuentes y sueño poco reparador.
- Algunos rasgos de personalidad, como por ejemplo la tendencia al nerviosismo o problemas para relajarse.
- Consumo de sustancias como alcohol, cafeína y tabaco.
- Utilización de algunos medicamentos, en especial los antidepresivos y fármacos para TDAH o convulsiones.
- Factores de oclusión dental, combinados con los anteriores.
- A nivel de práctica clínica, lo que sucede es que el estrés del día a día es el protagonista: son muchas las personas las que aprietan los dientes como forma inconsciente de descargar las tensiones.
Síntomas y señales de alarma
Existen personas que lo que hacen es descubrir que padecen bruxismo, porque alguien les dice que rechinan los dientes por la noche. Otras lo sospechan por una serie de síntomas que van apareciendo.
¿Cuáles son los signos más comunes?
- Sonido de “rechinar” dientes mientras se produce el sueño, algo que nota la pareja o la familia
- Desgaste del esmalte, dientes más planos o aplanados
- Dolor o cansancio en la mandíbula cuando se despiertan
- Dolor dental difuso, sin que haya caries claras, debido a la sobrecarga
- Cefaleas matutinas, en especial en la zona de la sien o de la frente
- Dolores en la articulación temporomandibular: sensación de bloqueo o problemas al abrir la boca, chasquidos, etc.
- Dolores en el cuello, oído o en la parte alta de la espalda, todo ello relacionado con la tensión muscular.
Existen bastantes casos que son leves y es posible que pasen desapercibidos por varios años. El caso es que, cuando el hábito es intenso o duradero, los síntomas se van acumulando y el daño en las piezas dentales puede acabar siendo permanente.
Diagnóstico: ¿Cómo se confirma?
Está apoyado en una serie de elementos:
Entrevista
Lo que ocurre aquí es que se pregunta por una serie de hábitos como el estrés, el sueño, el consumo de sustancias y los síntomas.
Exploración de la boca
Se ve el desgaste del esmalte, pequeñas fisuras, movilidad o cambios en la forma que tienen los dientes.
Palpación de los músculos masticadores y de las articulaciones
Justo aquí se valora la tensión y los puntos dolorosos.
Hay casos en los que se hacen pruebas específicas del sueño, de tal forma que se registra la actividad muscular a lo largo de la noche, en especial en el bruxismo del sueño.
En ocasiones, lo que sucede es que el diagnóstico se hace de manera indirecta, partiendo de los efectos sobre los dientes y la musculatura, los cuales se combinan con la historia clínica.
Consecuencias a medio y largo plazo
Lo que pasa con el bruxismo es que no suele ser peligroso en cuanto a que se ponga en riesgo la vida, pero sí tiene un impacto claro sobre la salud bucodental y el propio bienestar.
De mantenerse en el tiempo, es posible que provoque:
- Desgastes de importancia en el esmalte y dentina, con los dientes con mayor sensibilidad y fragilidad.
- Se rompen las piezas, coronas o se deben producir restauraciones.
- Cambios de oclusión, lo que hace que se complique la función masticatoria
- Dolores crónicos en la mandíbula y en los músculos de la cara
- Trastornos de la articulación temporomandibular, caso de los chasquidos, bloqueos y limitación de la apertura.
- Cefaleas recurrentes, en especial a la hora de despertar.
Por todo ello se suele insistir tanto en cuanto al diagnóstico precoz; cuanto antes se pueda detectar, más sencillo es evitar un desgaste que luego obligue a tratamientos restauradores de mayor complejidad.
Tratamiento
A la hora de abordar un problema como el bruxismo, se combinan por lo general distintas clases de intervención, las cuales se adaptan a la situación que vive cada persona.
Debemos ver el bruxismo como una señal
En lugar de verlo como un trastorno dental, lo debemos considerar como si de una señal se tratase. El cuerpo lo que dice es que existe tensión y la mandíbula lo que hace es servir de válvula de escape.
Al cuidarse, ello implica dos cosas: se protege la boca y la articulación con las herramientas que tiene la odontología. Mirar la vida que se lleva y preguntarse qué es lo que puede aflojarse, tanto en el ritmo como en las exigencias y en las formas en las que se gestiona el estrés.

