Microbiota y salud respiratoria

Mas comentados

Compartir

Facebook
X
LinkedIn
Threads

En los últimos años es muy habitual escuchar la palabra microbiota o microbioma en todo lo relacionado con la salud. Sobre todo, cuando se trata de salud intestinal o digestiva. Muchos parecen sorprendidos por este nuevo hallazgo fisiológico, cuando lo cierto es que hablar de microbiota intestinal es hablar de flora intestinal. Concepto más que conocido por la mayoría desde hace años. Ambos términos, flora y microbiota, hacen referencia a lo mismo: la vida microbiana del organismo.

Una de las conexiones más mencionadas cuando se habla de microbiota intestinal es la existente entre intestino y cerebro. Aunque existen más conexiones, como la que mantiene con los pulmones y sobre la que pretendemos hablar a lo largo de este artículo. La comunidad científica denomina a esta conexión “eje intestino-pulmón”. Ambos órganos son mucosos y, mientras que el primero de ellos se encarga de la absorción de los nutrientes procedentes de los alimentos, los segundos tienen la misión de absorber los gases del aire.

La microbiota respiratoria es el conjunto de microorganismos como bacterias, virus y hongos que habitan en las vías respiratorias. Estos microorganismos tienen un papel clave a la hora de defender las vías respiratorias de las infecciones, mantener la inmunidad y la salud en general del sistema respiratorio. Durante las épocas más frías, el descenso de las temperaturas, el aumento de la humedad y los cambios en los hábitos de vida hacen que se produzcan alteraciones en el equilibrio y la composición de la microbiota. Estos cambios explican por qué se produce un aumento de las enfermedades respiratorias como la gripe o el resfriado común y empeoran las afecciones crónicas como pueden ser las EPOC.

Del mismo modo que la microbiota intestinal, la respiratoria crea una barrera de defensa natural para el organismo con funciones como impedir que se produzca una colonización de patógenos o estimular la respuesta inmunitaria innata.

Pulmones y microbiota

Cada vez se dispone de un mayor conocimiento sobre el intestino y el microbioma que lo compone, siendo el de los pulmones un misterio para la gran mayoría debido a que la propia comunidad científica creía firmemente que los pulmones carecían de vida microbiana propia. Sin embargo, como bien saben los expertos en probioticos naturales para la flora intestinal PROBACTIS, con su amplia gama de probióticos, la mucosa pulmonar cuenta en su haber con una amplia variedad de bacterias, hongos y virus, aunque cabe destacar que el tamaño y número de esta microbiota es inferior al de la que anida en los intestinos.

El microbioma respiratorio se renueva continuamente y de manera dinámica, a consecuencia de la respiración y los movimientos de la mucosa pulmonar. La ciencia se encuentra desvelando esas formas únicas en las que la microbiota pulmonar puede afectar a la salud. Sobre todo, porque la comunidad microbiana de esta parte del cuerpo es fundamental para mantener una buena salud respiratoria, debido a que ayuda a regular la respuesta inmune y a defender frente a aquellos patógenos dañinos. Durante los dos primeros años de vida, se adquiere la microbiota pulmonar que ganará fuerza y resistencia con el paso del tiempo, proporcionando una barrera natural frente a los patógenos.

Se pensaba que el sistema respiratorio y el digestivo eran independientes entre sí, pero las investigaciones más recientes han demostrado la existencia de una red de comunicación muy compleja, existente entre intestino y pulmones. El citado “eje intestino-pulmón”. Dicho de otra manera, esta comunicación bidireccional implica que el intestino influye en los pulmones y los pulmones influyen en el intestino. A modo de ejemplo, una infección pulmonar vírica como puede ser la gripe suele cursar con síntomas gastrointestinales. Lo que hace que tener en cuenta tanto a los pulmones como al intestino a la hora de abordar cualquier dolencia respiratoria resulte de extrema importancia. Una microbiota intestinal sana es sinónimo de garantía para que las células inmunitarias de los pulmones funcionen como es debido a la hora de mantener a raya las infecciones.

Como comentábamos unos párrafos atrás, la microbiota respiratoria constituye un escudo invisible para proteger las vías aéreas. Esta barrera natural que supone la microbiota impide que los patógenos colonicen los pulmones mediante competencia por nutrientes y espacio. Al mismo tiempo, tiene la función de estimular la respuesta inmune innata y adaptativa, haciendo que el organismo se prepare para responder de forma eficaz ante los virus y las bacterias. Por otro lado, regula la inflamación que se produce en las mucosas respiratorias, evitando que se produzca una respuesta exagerada, como las que se producen cuando se padece asma.

Si este equilibrio se rompe o altera, fenómeno conocido como disbiosis, el crecimiento de los organismos invasores y nocivos se ve facilitado, con las consiguientes consecuencias para el organismo.

Podemos señalar los factores climáticos que afectan a la microbiota durante los meses de otoño e invierno. Con la llegada del frío, el descenso de la temperatura y el aumento de la humedad, en ambientes con calefacción, se reseca la mucosa nasal, reduciendo la producción de moco, lo que debilita la barrera que proporciona frente a microorganismos. Además de que el frío puede alterar el equilibrio de especies bacterianas, favoreciendo la presencia de patógenos.

La menor exposición al sol y una vitamina D más baja, indispensable para regular el sistema inmune, reducen la capacidad del organismo a la hora de mantener equilibrada la microbiota.

Por otro lado, al permanecer más tiempo en espacios cerrados y poco ventilados, se incrementa la exposición a los virus y bacterias que transmiten a otras personas. Sin olvidar que la alimentación es menos variada y se ingieren menos frutas y verduras, reduciendo la diversidad bacteriana y debilitando las defensas naturales.

Conexión pulmonar e intestinal

Intestino y pulmones se hallan estrechamente ligados por el sistema inmunitario. No es algo que digamos aquí y ahora porque nos parece una buena combinación, se trata de algo que dice la ciencia. Cuando el intestino detecta patógenos dañinos, se activa una respuesta inmunitaria para combatirlos. El microbioma de los pulmones se comunica con el intestino y viceversa, mediante componentes metabolitos bacterianos que se propagan a través del torrente sanguíneo de manera que influyen en el sistema inmunitario y lo preparan para la lucha frente a las posibles amenazas.

Los desequilibrios que se producen en la composición de la microbiota intestinal pueden provocar daños en el revestimiento intestinal, lo que hace posible que los patógenos salgan del intestino y pasen al torrente sanguíneo, por lo que se activan respuestas inmunitarias sin regular en diferentes partes del organismo. Esto hace que la susceptibilidad de los pulmones a las infecciones y enfermedades de carácter inflamatorio aumente. La alteración de la composición de la microbiota intestinal, como la que produce la toma de antibióticos, la dieta o el estrés, puede afectar el equilibrio de la función inmunitaria, lo que favorece que se produzcan enfermedades respiratorias.

A lo largo de la pandemia del COVID-19, la comunidad científica descubrió que aquellas personas que sufrían infecciones graves presentaban un microbioma pulmonar disbiótico. En el caso del cáncer de pulmón, los científicos e investigadores utilizan el microbioma pulmonar con objeto de predecir las reacciones de las personas que lo padecen a la inmunoterapia.

Aunque la respuesta del sistema inmunitario para combatir patógenos, conocida como inflamación aguda, es necesaria ante las infecciones, cuando se convierte en crónica, puede conllevar efectos perjudiciales en la función pulmonar, desencadenando el desarrollo y la progresión de las enfermedades. La microbiota pulmonar alterada se encuentra asociada a la progresión de las enfermedades respiratorias, aspectos que todavía se tienen que estudiar para conocer si existe relación causal con la aparición de la enfermedad y la relevancia en el momento de abordar los síntomas.

Los avances que se están realizando en la investigación sobre el microbioma proporcionan unas interesantes posibilidades a la hora de prevenir las enfermedades mediante intervenciones con prebióticos o probióticos. A día de hoy se conoce que los prebióticos y la fibra dietética influyen en el microbioma intestinal, favoreciendo la liberación de metabolitos beneficiosos que ayudan en la regulación de la inflamación general.

Factores relacionados con el estilo de vida, como la dieta, el ejercicio físico, la gestión del estrés y dejar el tabaquismo, pueden influir en gran medida en la microbiota intestinal y la función inmunitaria. Esto, a su vez, repercute en los resultados respiratorios. Por lo que los médicos y especialistas en la materia aconsejan seguir una dieta saludable rica en fruta y verduras que contengan antioxidantes en su composición, además de fibra y otros elementos beneficiosos, en vez de recurrir a la toma de suplementos.

Tanto el tabaco como el estrés alteran el pH, la temperatura y la humedad de los pulmones, por lo que existe una mayor predisposición a que se produzca una colonización por parte de patógenos oportunistas.

De todo esto podemos destacar que el eje intestino-pulmón, recientemente descubierto, supone un nuevo campo de investigación que proporcionará luz sobre la interacción que existe entre la microbiota intestinal y la salud respiratoria. Eliminar mitos y explorar posibles intervenciones permite allanar el camino a nuevas e innovadoras estrategias para prevenir y abordar las enfermedades que afecten a los pulmones y las vías respiratorias. Lo que nos llevaría a un enfoque más holístico de la función inmunitaria y microbiana del organismo.

Comparte el post:

Entradas relacionadas