Cuando algunas personas alcanzan poder, en partidos, ayuntamientos, etc., imperceptiblemente se transforman, y no toleran que nadie opine de manera distinta y, si alguien lo hace, pasan a considerarle enemigo.
Esto es lo que ocurre en nuestro Ayuntamiento. No hay pleno en que el máximo y aclamado dirigente no increpe de alguna manera a la oposición o permita que su público lo haga, sin hacer nada por evitarlo. Habla de respeto y educación, pero insulta y descalifica a la oposición dirigiéndose a ella en tono despectivo, solo porque no vemos las cosas del color de rosa con que él las pinta.
Creemos que si un cargo de confianza de libre designación suyo va en moto por las aceras, como ha ocurrido, es recriminable; que si el público de su cuerda vocifera en los plenos e insulta a los concejales, debe atajarlo; y si desde Compromís, aunque no coincidamos con sus planteamientos, somos respetuosos en nuestras intervenciones y escritos, sólo exigimos que se nos dé el mismo trato.
Podemos valorar el nivel de agresividad con la oposición que el alcalde electo introduce en los plenos a los que asiste, sólo con ver lo que ocurre cuando él no asiste: sobrevienen la calma y las buenas maneras inmediatamente. Desde la oposición discrepamos con el equipo de gobierno, pero sin rebasar los límites de respeto y educación mínimos; en cambio, él, con sus desafortunadas intervenciones, a menudo sin venir a cuento, crea el ambiente de agresividad y lo fomenta y estimula en los suyos. A nosotros no nos vale que eso forme parte del “juego político”, como ellos dicen: no nos vale tal juego. Ahora le ha dado por decir en cada pleno que nos ve poco por el Ayuntamiento, como si tuviéramos que darle cuenta de cuándo entramos o salimos, como si ser buen concejal fuera estar en la casa consistorial permanentemente. Su prepotencia le hace creer que todos estamos a su servicio.
Nuestra labor es clara: controlar al equipo de gobierno y solicitar cuanto consideremos necesario para la mejora de nuestra villa, y es lo que estamos haciendo, desde nuestro despacho en el Ayuntamiento y fuera de él, y no tenemos que justificarle nada por muy alcalde que él sea. Nuestro trabajo se puede ver en lo que presentamos por registro cada día. Y además, ¿cómo va a saber si entramos o salimos, si del despacho habitual de la 3ª planta nos ha enviado a un despacho en la planta baja aislado de todo el Ayuntamiento, donde podemos entrar y salir sin que nadie se entere?
Pero nuestra labor de control del equipo de gobierno no está completa porque no nos dan la información que requerimos y a la que tenemos derecho. Para que no nos pase como en otros ayuntamientos, hemos solicitado en diversas ocasiones, dado que se ha aprobado un plan general que va a mover miles de millones de euros en los próximos años, conocer los bienes de cada uno de los concejales cuando entraron al Ayuntamiento y ahora, y no nos lo dan. Seguiremos solicitando, como han hecho en otros sitios, conocer cuánto han aumentado los bienes de concejales, sus cónyuges e hijos, durante las dos últimas legislaturas, y así demostrar la honradez de nuestros representantes, cuya imagen tanto se ha dañado en los últimos años, y más con el oscuro asunto de las últimas contrataciones del Plan Confianza, anuladas por presión periodística.
No sé si los militantes del PP son exigentes en este aspecto, o si les dan carta blanca a sus representantes. Por mi parte, el registro legal de mis bienes y de los de mis familiares directos está a disposición de los militantes de Iniciativa y de toda la población de Santa Pola.
Federico Zaragoza Alberich. Portaveu de Compromís i regidor d’Iniciativa.















Miguel ¡ese democrata!